Hay una soledad que no se resuelve rodeándote de gente. Es la soledad de sentir que no perteneces del todo a ningún sitio. que en el mundo heteronormativo eres "el diferente" y en la comunidad LGBTI+ tampoco encajas del todo.

Es una experiencia más común de lo que se habla. Y merece espacio.

La soledad dentro de la comunidad

La comunidad LGBTI+ se presenta a menudo como un espacio de pertenencia automática. Pero la realidad es más compleja. Dentro de la comunidad hay jerarquías, normas no escritas, presiones sobre cómo ser "correctamente" gay, lesbiana, bi o trans.

Puedes sentirte excluido por no encajar en los estándares de cuerpo, por no frecuentar ciertos espacios, por ser "demasiado" o "demasiado poco" visible, por tu edad, por tu estilo de relación, por tu clase social o por tu origen cultural.

Las personas bisexuales experimentan esto de forma particular: demasiado queer para el mundo heterosexual, no lo suficiente para el LGBTI+. Las personas trans pueden sentir que su experiencia no es comprendida ni siquiera dentro del colectivo. Las personas LGBTI+ mayores a menudo se sienten invisibilizadas en una comunidad que celebra la juventud.

La soledad fuera de la comunidad

Fuera de la comunidad, la soledad tiene otra textura: la de tener que medir constantemente cuánto de ti muestras. La de sonreír en conversaciones donde se asume tu heterosexualidad. La de no poder hablar de tu pareja, tu vida o tus preocupaciones con la misma naturalidad que los demás.

Es el estrés minoritario convertido en aislamiento: la hipervigilancia que te empuja a protegerte retirándote, lo que a su vez reduce tus vínculos y refuerza la sensación de no pertenecer.

La soledad LGBTI+ no es debilidad social. Es la consecuencia de vivir en espacios donde siempre tienes que calcular cuánto de ti es seguro mostrar.

La trampa de las apps y los vínculos superficiales

Para muchos hombres gays y bi, las apps de citas se convierten en el principal (a veces único) canal de conexión con otros hombres. Pero la dinámica de las apps. basada en lo instantáneo, lo visual y lo descartable. puede profundizar la sensación de soledad en lugar de aliviarla. La conexión rápida no sustituye la pertenencia.

Construir pertenencia auténtica

La pertenencia no es algo que encuentras: es algo que construyes. Y a veces requiere un trabajo previo: entender qué patrones relacionales estás repitiendo, qué creencias sobre ti mismo te impiden conectar, qué heridas de rechazo pasado te hacen protegerte en exceso.

El trabajo con IFS puede ser especialmente útil aquí: explorar las partes que se protegen del rechazo (evitación, autosuficiencia forzada, cinismo) y entender qué necesitan para soltar esa guardia.

Un espacio de conexión auténtica

El propio espacio terapéutico puede ser un primer laboratorio de conexión: un lugar donde puedes ser tú mismo sin cálculos, sin máscaras, sin la presión de gustar o encajar. A veces, esa experiencia de ser visto completamente, aunque sea por una persona, en un espacio: es el punto de partida para empezar a construir pertenencia fuera de sesión.

Si la soledad es algo que te acompaña y sientes que tiene una dimensión LGBTI+ que no siempre se entiende, un espacio afirmativo puede ser un buen lugar donde empezar a explorar eso.

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